¿Se gobierna renunciando?

CarlosArbesu_SeGobiernaRenunciando

La noticia de la renuncia de Benedicto XVI me sorprendió por casualidad pasando por su pueblo natal en Baviera. Así es fácil centrarse en las razones de la persona y eludir  el dramatismo fácil… y en cierta medida hipócrita a que nos somete la opinión pública.

¿Nos ha dado una lección Benedicto XVI con su renuncia? ¿Es una buena lección de gobierno para cualquier institución?

Las instituciones se mejoran respetando sus procesos de gobierno  y el gobierno se mejora adecuándolo al bien de las personas gobernadas.  Benedicto XVI ha sido plenamente consciente de ambas cosas. Por un lado, la normativa jurídica de gobierno de la Iglesia contemplaba esta renuncia como algo ordinario, si bien históricamente el uso ha sido el contrario, especialmente personificado en los últimos días de Juan Pablo II. Por otro lado, en su declaración de renuncia, subrayó que aun siendo consciente de la importancia de rezar y sufrir (junto con las obras y la palabra) para gobernar la Iglesia, las transformaciones de los tiempos y cuestiones de gran relieve exigen de un cierto vigor de cuerpo y espíritu.

Es claro que se hace un gran bien gobernando desde la autoridad del “sufrir y rezar” propio de la ancianidad o de la enfermedad, pero Benedicto XVI nos quiere hacer ver que hoy en día “gobernar” exige también vigor, es decir, fuerza en el ejercicio adecuado del poder. Y esa es la fuerza que en su opinión le falta y que otro  ha de tener y, en consecuencia, ejercer.

Muchos de los santos que la Iglesia Católica venera han dejado grandes ejemplos de desprendimiento y humildad en el ejercicio del poder. El de Benedicto XVI viene a sumarse a ellos de modo heroico. Hace falta mucho valor y sencillez para tomar esa decisión y a la opinión publica le tomará algún tiempo comprender todas los aspectos positivos que encierra.

Estábamos mal acostumbrados… nos habíamos olvidado que hoy “gobernar” también en la Iglesia conlleva tomar decisiones, instruir infinidad de expedientes, seguir innumerables procedimientos, escuchar a una multitud de personas, hablar idiomas, viajar, seguir complejos protocolos con todos los países del mundo, atender los sufrimientos indecibles de tantas personas olvidadas en el mundo cuya única esperanza es la acción del Romano Pontífice.

Y Benedicto XVI nos lo ha recordado. Creo que hay al menos dos valiosas lecciones de gobierno en este gesto del Papa:

1.- Gobernar no es sólo un asunto de autoridad o de imagen, es tomar decisiones –muchas de ellas muy difíciles y complejas- que precisan de energía. Tener esa energía, fuerza y ganas, es una responsabilidad del buen gobernante.  Así se sirve a los demás.

2.- La mejor lección de gobierno es “hacerse” prescindible personalmente para que se fortalezca la institución.

La renuncia de Benedicto XVI a seguir ejerciendo el ministerio en su día conferido, es una admirable muestra de respeto a las personas a las que el gobierno ha de servir y a la institución (la Iglesia) que merece en estos tiempos especialmente una dedicación llena de energía y vitalidad para afrontar sus retos.

Renunciando, el Papa nos ha dado una maravillosa lección de buen gobierno.

Imágen obtenida de salamanca24horas.com
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